Un viaje a Ilo
Un viaje a Ilo: entre historia, olivos y sorpresas.
El pasado fin de semana tuve el privilegio de viajar a Ilo para realizar un trabajo muy especial: la georreferenciación y codificación de olivos jóvenes y centenarios para un proyecto de investigación.
Fueron dos días intensos, llenos de actividad, aprendizaje y momentos que me recordaron por qué amo tanto este mundo y mi carrera.
Ilo siempre me cautiva. Este valle de olivos guarda siglos de historia. Algunos de sus árboles tienen más de 400 años, testigos silenciosos de la llegada de los españoles a esta tierra.
En mis visitas a los diferentes fundos, siempre encuentro huellas de ese pasado: antiguas prensas donde se elaboraba aceite de oliva, tinajas gigantes donde se almacenaba, y otros vestigios que me conectan con las raíces de esta tradición.
Como apasionada del olivo, caminar entre estos árboles y descubrir estos tesoros llena mi corazón y mi mente —y era literal: caminar en un bosque de olivos como en los cuentos de hadas. Este viaje lo realicé junto a colegas y amigas que forman parte del proyecto en el que estoy trabajando. La experiencia no solo fue técnica, sino también humana: siempre es un placer reencontrarme con los amigos y propietarios de los fundos.
Su hospitalidad, su conocimiento y su disposición para compartir historias hacen que cada visita sea enriquecedora. Para mí, Ilo es como una caja de sorpresas. Cada vez que regreso, me espera algo nuevo que descubrir, aprender o admirar.
Este viaje no fue la excepción. Más allá de la georreferenciación, me llevo la satisfacción de aportar a este proyecto, de compartir con personas que aman lo que hacen y de seguir aprendiendo de un territorio que respira historia, tradición y pasión por el aceite de oliva.
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